Caminamos hacia el Jardín.
Casi,
despegamos del suelo.
La mano de mamá es
como el vaso de leche en la mañana.
No nos queda tiempo -dice-
debemos apurarnos.
Miro su esbeltez embelesada,
irradiando luz como un hada.
Ella, vigila preocupada el reloj y
me alienta risueña: ¡Vamos!
Las medias de nylon destellan
ingenuamente.
No como las de la abuela,
conque me improviso largas trenzas.
Suaves recuerdos plegados
y perfumados.
Los tesoros de la abuela:
las fotos, la guitarra, el tambor.
Hoy visto mi azul celeste,
hoy visto mi overall preferido.
Llegamos y levanto la mirada.
De un barullo de polluelos emerge Pablo,
colgando la lengua en señal de saludo.
Su manotazo amistoso revienta en el aire,
como mi risa.
El chirriar de la reja
me devuelve a la realidad.
Y me encuentro,
sosteniendo pequeñas espigas,
multicolores,
como rabos de gatos.
Esto ya lo he vivido antes,
hoy lo nombran en francés.
Mamá se ha ido...
Casi,
despegamos del suelo.
La mano de mamá es
como el vaso de leche en la mañana.
No nos queda tiempo -dice-
debemos apurarnos.
Miro su esbeltez embelesada,
irradiando luz como un hada.
Ella, vigila preocupada el reloj y
me alienta risueña: ¡Vamos!
Las medias de nylon destellan
ingenuamente.
No como las de la abuela,
conque me improviso largas trenzas.
Suaves recuerdos plegados
y perfumados.
Los tesoros de la abuela:
las fotos, la guitarra, el tambor.
Hoy visto mi azul celeste,
hoy visto mi overall preferido.
Llegamos y levanto la mirada.
De un barullo de polluelos emerge Pablo,
colgando la lengua en señal de saludo.
Su manotazo amistoso revienta en el aire,
como mi risa.
El chirriar de la reja
me devuelve a la realidad.
Y me encuentro,
sosteniendo pequeñas espigas,
multicolores,
como rabos de gatos.
Esto ya lo he vivido antes,
hoy lo nombran en francés.
Mamá se ha ido...

Niñas jugando en el jardín de esculturas del Zoológico Bíblico, Jerusalén. Octubre del 2009











